09 octubre 2006

El helado de naranja

Caía en Barcelona una noche triste.
Mientras sentía la lluvia en mi pelo,
ya tenía la idea exacta de lo que debía hacer,
removí todo en pocas horas y volé al día siguiente a Montevideo.
Y allí estuve. Inventándome que mi dolor era mucho menor
que el de los demás. Y me lo creí. Me dibuje una alegría imposible
antes de entrar a verla por primera vez, la abracé, estaba feliz de verme,
nos perdonamos sin hablar, reímos como si nada pasara,
miramos fotos, hablamos como si fuera domingo por la tarde
o cumpleaños de la abuela.

Pidió un helado de naranja, de esos de agua.
La miré un instante. "Yo voy" y bajé volando las escaleras del hospital,
corrí por las calles del barrio buscando donde comprarlo,
tenia un nudo en la garganta, miedo de no llegar a tiempo,
la chica que me cobró nunca entendió mi ansiedad,
mi piel sabía que grabaría esos momentos para toda la vida.
Cuando por fin llegué con el bendito helado,
me sentí feliz al ver su cara de niña.
Volvía tener 7 años.
Luego se durmió.
Y ya no despertó.





















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