17 octubre 2006

Hijo de puta, hay que decirlo más.

Ha venido Cris a verme y ha sido otra vez superlindo, yo no se que tiene esa niña pero cuando viene es como si pasara un terremoto pero de alegría. Mi cuarto se llena de cosas y no se puede ni caminar pero igual me gusta que venga. Me trajo de regalo uno comic de esos preciosos. Y también una camiseta que ponía Chi&Che.

Lo mejor de todo el finde fueron los chorizos criollos que nos comimos en un bar de esos del barrio que no es de lujo pero que tiene cosas uruguayas como las tortugas (que es como el pan de las hamburguesa de aquí pero diferente) y los alfajores de maicena y dulce de leche como los que hacía mi madre antes.

Lo peor fue que nos peleamos con un taxista que era parecido a esos que van con la cabeza rapada y le pegan a los de África y Ecuador. Todo fue porque el decía que no podíamos sentarnos como en el sofá de casa porque no le parecía bien a él y que sino nos gustaba nos fuéramos a nuestro país, yo le pregunté a que país, pero dijo que no sabía, yo no sé porque se puso tan nervioso, seguro que su madre cuando era pequeño le pegó muy fuerte en la cabeza y se le salió un poco de liquidito del cerebro o algo así. Pero bueno luego estuvo divertido porque nos dijo que nos bajáramos del taxi, entonces yo aproveche y le hice una señal con los ojos a Cris como en las pelis para que me siguiera mientras el taxista estaba medio distraído. Entonces corrimos corrimos corrimos mucho mucho mucho agarrados de la mano para que no nos alcanzara el malo. Por suerte estábamos cerca del barrio donde hay muchas putas que son súper graciosas y también muchos pakis que son muy buenos. Los pakis son esos señores con bigote y la piel color café con leche y que por ejemplo si tienen una carnicería la tienen siempre abierta, nunca cierran. Y ya nos sentimos más seguros por allí.

Yo creo que es muy triste que haya señores así como el taxista ese, y pienso que debe ser como una enfermedad que le tapa la vena que lleva la sangre al cerebro y entonces no pueden pensar bien. Cristina dice que la enfermedad esa tiene un nombre, pero no me acuerdo la palabra ahora.

Yo no creo que el taxista lea esto, pero como yo no soy rencoroso he buscado un video para dedicarle.
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