01 septiembre 2006

Ampliación del campo de batalla.

Hoy por la mañana iba yo "muy contento" en el Metro con mi flamante libro Ampliación del campo de batalla, intentando descifrar cuales fueron los extraños motivos que llevaron a Krisol elegir este endemoniado libro para mí. Levante la vista e hice un rápido inventario de los libros que leía la gente más cercana en el vagón. Una señora de unos 47 años portaba alegremente un ejemplar del Código Da Vinci, supuse que sería una segunda lectura (¿Quien es el maldito ignorante no ha leido el Código Da Vinci a estas alturas?), tal vez luego de ver la película para poder encontrar las diferencias entre ambas obras. Otra señora devoraba una novela de Ken Follet, de cuyo nombre no quiero acordarme pero que no era Los Pilares de la Tierra, otro más alla La Catedral del Mar, otra A Sombra Do Vento.

Unos más otros menos, pero todos felices, menos yo, con mi librito azul y esos gatos verdes en la tapa que aún no encuentro explicación alguna en la historia (y voy por la página 111). Bueno tampoco puedo decir que sea "infeliz" con mi libro, más que nada preocupado, ansioso y un poco "nervioso". Supongo que mi Kris, a pesar que le explique muy bien que en toda mi vida solo he leído 16 libros, incluyendo 3 de Paulo Coelho y La Sombra del Viento (que nunca terminé de leer, no porque no me gustara sino por otras razones que algún día explicaré en detalle... o no), creerá que estoy disfrutando a tope con el libro del tal Houellebecq. Y yo solo estoy intentando entender las disquisiciones que hace el personaje acerca de las relaciones humanas, de la vida en general y del sexo en particular. Lo más triste (o no) de todo esto es que me parezco mucho al personaje del libro. Y no sé si eso es algo bueno o "malo".



Ays Kris, no podías haberme regalado Travesuras de la Niña Mala?


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