10 mayo 2014

La Declaración

Jueves. ¡Joder! si, es jueves. No puedo seguir así. Y ya son las 10.. Parece tan fácil a la mañana. “Hoy me vuelvo a casa directo del trabajo” Pero luego, me lían estos cabrones. Y yo soy el que tengo que aguantar la cantinela de Julia. Bueno, Julia y sus amigas. Sé que son ellas las que le llenan la cabeza. Cada semana la misma historia, seguro que se pasa todo el día hablando por teléfono con esa Nuria, y la otra, que nunca me acuerdo como se llama. Tampoco sé, para que me quiere en casa, si no hay nada que hacer. Hablar, dice. A mi me gusta hablar con mis colegas pero es que es hablar con Julia, es enredarme en un montón de frases incomprensibles. Y es que veo a sus amigas en esas frases, son ellas hablando. “Una pareja necesita hablar y muchas otras cosas que tu mente de orangután no podrá entender en la vida”  ¿Orangután?. ¿Otras cosas que no podré entender? Al menos en la cama no se puede quejar. No sé, si eso también se lo cuenta a las amigas.
Giro la llave en la puerta y está todo en silencio. No sé si eso será bueno o malo. Malo, sin duda. Está en su habitación. Veo la luz por debajo de la puerta. Camino despacio, en la oscuridad. Está hablando con alguien. Me quedo frente a la puerta, aguantando la respiración. No me lo puedo creer. No. Espera.

No. Está sola. Está hablando por teléfono, como no. La Nuria, estoy seguro, esa víbora. Apoyo con cuidado la oreja en la puerta. “Y es que es su puta declaración, tía”
Me quedo petrificado.La puta declaración. ¿Hoy ya es 30 de junio? No. No. No. No puede ser. No me lo creo. Mi corazón empieza a pegarme en el pecho. Ahora si, que la he cagado. Ahora si. Pero bien. No puedo respirar. Camino en la oscuridad intentando no tropezarme. Me golpeo con una silla. Joder, tiene que estar todo por en medio?. Me quedo quieto, escuchando. No,no me ha oído. Menos mal. Salgo al balcón. Necesito respirar. Me ahogo ahí dentro. Necesito pensar. La he cagado. La he cagado. Aún me quedan dos horas. Otra vez como el año pasado. Hacer la cola con toda esa gentuza. ¡Joder! Pero el año pasado tenía todo el día. Ahora solo dos putas horas. ¡Que ni dos horas!. Ya son 11 menos veinte.  Imposible, tengo que rellenar todos los formularios, buscar las  facturas de la obra, los papeles del médico. Dios, Dios, dónde cojones estás ahora? Nunca estás. Me va a dar algo, entro otra vez intentando moverme en la oscuridad. Busco en el cajón donde están todos los papeles. Esto es horrible. “No te olvides, la semana que viene es el último día”  “No te olvides” “Al menos haz algo” “Estoy harta” Joder no puedo pensar. No debería haber bebido tanto. Al menos hoy no. ¿Donde están los papeles que tenía aqui? Joder. Ostias.. Seguro que hizo una de sus putas limpiezas. No me lo creo. No. No. Oigo la puerta de la habitación y me quedo congelado. No me muevo. Solo el movimiento de mi respiración descontrolada. Una gota baja por mi pecho lentamente hasta llegar a mi barriga. Todo lo que me diga tiene razón, todo, todo. Soy un puto desastre. Un desastre.  No puedo moverme. Veo el resplandor al final del pasillo. Abre la puerta lentamente dudosa, intentando ver en la oscuridad aún con el teléfono pegado al oído. Bajo la cabeza, junto mis muñecas y cierro los ojos.

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